Por Juan Ordóñez

Aún cuando todos los padres deseamos que nuestros hijos tengan una buena autoestima, muchas veces, sin darnos cuenta, somos los encargados de bajársela de manera inconsciente e ingenua.

He aquí algunos ejemplos de esto:

1. Decirles que son malos.

Los niños que son acusados de ser malos cuando se han comportado de manera incorrecta, empiezan a convencerse de que su valor como personas se basa en esos juicios. Un niño que derrama la leche en la mesa, y es regañado: “Eres un niño malo; esta es la quinta vez que cometes una torpeza”, interiorizará esta afirmación y grabará en su subconsciente: “Cuando soy torpe o cometo un error, soy una mala persona”.

2. Sorprender constantemente a los niños haciendo algo mal.

Si asumimos que el papel de padres se basa en buscar las cosas que los niños hacen mal y recordarles todo el tiempo ese comportamiento, pues andamos muy mal. Reforzar constantemente los comportamientos negativos es una manera segura de construir una pobre autoestima.

3. Dar a los niños apodos que contribuyan a deteriorar su sentido de la dignidad.

Llamar a un niño Enano, Orejudo, Gordito, o nombrarlo de cualquier otro modo que no tienda a promover una imagen positiva de sí mismo, es una manera de disminuir la propia estima. Las connotaciones negativas de los apodos o de la manera en que te diriges a tus hijos llegan a incorporarse a la definición de sí mismo. Las palabras, las frases y los apodos negativos son recuerdos duraderos que difícilmente borraremos de la imagen de nosotros mismos.

4. Considerar a los niños como “aprendices de persona” y no como seres humanos completos.

Esta actitud se caracteriza por tratar a los niños como si siempre estuvieran preparándose para la vida; los orillamos a pensar que algún día entenderán porqué les pedimos las cosas a nuestra manera. “Cuando crezcas, comprenderás por qué siempre estoy regañándote”, “Algún día, apreciarás lo que te estoy diciendo”, “Eres demasiado pequeño para saber por qué; simplemente, hazlo porque te lo digo yo”. Este tipo de mensaje hace que el niño piense que le falta algo, que está incompleto, y por lo tanto, sólo parcialmente se verá a sí mismo como una persona. Sin mencionar que jamás verá el día de la “iluminación” en donde entenderá el porqué de los maltratos.

5. Criticar a tus hijos cuando cometen errores.

Las críticas contribuyen a reducir nuestra valía. Cuantas más críticas reciba un niño, más probable es que evite probar las cosas que dieron lugar a esas críticas. Frases como: “Nunca has sido bueno para el deporte”, o “Es la tercera vez que fallas en la práctica; nunca aprenderás a hacerte responsable”, o “Ese vestido te hace ver gorda”, o “Siempre estás de malas”, son las herramientas que los niños usan para grabarse una pobre imagen de sí mismos. Hay muchas maneras de ayudar a motivar a un niño para que tenga un comportamiento más adecuado, y las críticas son tal vez la técnica menos útil y la más dañina que puedes encontrar.

6. Hablar por tu hijo, en vez de dejarlo responder de la manera típica en que lo haría alguien de su edad.

Hablar en lugar de tus hijos como si ellos fuesen incapaces de expresarse, contribuye a que duden de sí mismos y a que se sientan inseguros. También les enseña a confiar en que los demás hablen por ellos. Cuando actúas así, les transmites el silencioso mensaje: “Yo lo digo mejor que tú, pues eres demasiado joven para saber cómo expresarte”.

7. Hablar de tus hijos delante de ellos como si no estuvieran presentes.

Este comportamiento les lleva a considerarse personas sin importancia o, peor todavía, como parte del paisaje, literalmente invisibles. “No sé qué vamos a hacer con Carlitos; cada día se porta peor”. Obviamente Carlitos está recibiendo un mensaje de sus padres que interioriza de la siguiente manera: “No puedo creer que hablen de mi como sino estuviera aquí, seguro no les importo”. Cuanta menos consideración tengas por tu hijo como ser humano total, importante y sensible, menos consideración tendrá él por sí mismo.

Estas actitudes que muchos padres asumen, la mayoría de las veces sin darse cuenta, contribuyen a formar una pobre autoestima sobre sus hijos, y de esta forma no aprenderán a valorarse como personas. La buena noticia es que si cambiamos dichas actitudes, su autoestima comenzará a mejorar de manera inmediata.

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