Por Juan Ordóñez

Vivimos en un mundo matizado por nuestras emociones. De hecho, ellas son la base de la percepción sobre la vida misma. Fortalecer nuestra inteligencia emocional es primordial para una vida equilibrada, pues al conocer sobre nuestras emociones y lo que nos hacen sentir y pensar, podemos desempeñarnos mejor en el día a día.

Se dice que sólo hay dos emociones: amor y miedo y el resto son sentimientos. Sea como sea, no todas son agradables para nosotros, pero una de ellas, la tristeza, se destaca por su poca aceptación, pues desgraciadamente se le asocia con debilidad e inseguridad.

Pero yo me pregunto, si cuando algo bueno sucede en nuestra vida no podemos ocultar la felicidad, o cuando algo nos molesta, no dudamos en enojarnos y expresarlo, al igual que si algo nos asusta, no podemos evitar el miedo, ¿porqué entonces, ocultamos la tristeza? 

Si eres de los/las que piensan que ocultar tu tristeza sobre algo/alguien es indecoroso, mal visto, te hace ver débil, vulnerable, etc. Estás totalmente equivocado(a).

Estudios demuestran que las personas que aceptan su estado de tristeza y lo expresan, son más saludables a nivel mental y más capaces a nivel inteligencia emocional.

Aquí te explico algunos “porqué” de dicha aseveración:

Las personas que ignoran/evaden la tristeza, se engañan a sí mismas a nivel mental, pero a nivel físico, no pueden evitar que los químicos que representan dicho  sentimiento fluyan por su cuerpo. Esta acumulación al evadir el sentimiento, puede alcanzar niveles de estrés que ocasionen enfermedades, físicas y psicológicas, importantes.

Al aceptar tu tristeza le das permiso a tu cuerpo que actúe moviendo los químicos que soltó, hacia los ductos de desecho. Las lágrimas acarrean las toxinas, y al igual que los sollozos propios del llanto, permiten limpiar tu cuerpo y desestresarlo. Es por eso que nos sentimos mucho mejor después de llorar. 

Cuando lloras, tu cerebro se estimula y libera endorfinas, las hormonas del “me siento bien”, para apoyar el movimiento de los químicos que la tristeza representa. También baja los niveles de manganeso en tu cerebro que hacen que tengas pensamientos persistentes y exasperantes.

Al permitirnos mostrar lo que sentimos, estamos mandando un mensaje fuerte y claro a quienes nos rodean. Nos ayuda a conectar de formas profundas a través de la empatía. Nos hace humanos.

Llorar nos conecta con nuestro interior, ya no hay máscaras, ni nada que esconder, aceptamos lo que está pasando y actuamos acorde a ello. Eso nos fortalece internamente.

El llorar esta estigmatizado tanto para hombres, como para mujeres. Nadie se salva, si eres mujer te tachan de inestable, llorona y otras, si eres hombre, de “niñita”, falta de hombría y poder. Cuando realmente el expresar nuestras emociones/sentimiento de una manera sana y asertiva es una muestra de valor, seguridad y aceptación total sobre nosotros mismos.

Cabe mencionar que el aceptar nuestra tristeza y expresarla, es muy diferente a tirarnos al piso y “jugar” a la víctima. Los problemas no van a desaparecer si  nos sentimos tristes y lloramos o no, pero al dejar que nuestro cuerpo haga el trabajo para el que fue diseñado, nos permite pensar con mayor claridad sobre la situación y caminar hacia su solución.

¡Quiere llorar! ¡Quiere llorar! Sí, si quiero y porque quiero y lo siento, lo hago. ¿Y tú?

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