Por Juan Ordóñez

Aunque suene muy duro, no existen las relaciones sentimentales, afectivas o amorosas perfectas, las relaciones humanas, aun más las de pareja, son “LA” herramienta y fuente de evolución, pues es en esa imperfección donde tomamos las pistas para enderezar el camino, y ahí sí, hacerlo perfecto, perfecto para cada quien. En nuestra vida, apareceran las personas que nos daran la posibilidad de aprender algo, cecer y por lo tanto evolucionar, depende de nosotros cómo percibir al de enfrente o al de a lado, pero sin importar cómo los percibas, son tus maestros(as), ni para hacerse a un lado.

Nos enfocaremos en esta serie de artículos a las relaciones de pareja, pues eso de “No tengo suerte en el amor”, es un mito, recuerda, “El cambio soy YO”.

Es imposible sufrir por amor, el sufrimiento viene de la percepción personal detonada por carencias y heridas emocionales de la infancia. Queremos que el de enfrente nos cure esas heridas de una manera muy egosita, pues sin darnos cuenta los queremos controlar. Pensamos que estamos viviendo “el amor de nuestra vida” y nos sacrificamos, dejando a un lado la nuestra.

El amor es felicidad, por lo que decir que se sufre por amor es una contradicción, es incongruente, no vibran en la misma frecuencia, no hay correspondencia. Si estas en una relación, tu pareja no te va a dar amor, tú ya eres amor y en conjunto vibraran igual. Tu pareja es un reflejo de ti, refleja un estado interno tuyo que ni siquiera sabes que existe. Por eso le echamos la culpa y buscamos que cambie, así es más fácil ¿verdad? Pues admitir que el verdadero rollo es personal y no culpa de nadie más, requiere de mucho valor. Valor que sólo te proporciona el amor a ti mismo(a), afrontando el miedo que te invade e impide que vivas la vida plena que mereces.
Recuerda, ya hablamos del “espejeo” y no es literal, no te acuso de nada. Espejearse es sólo el simple reflejo de algo que tu cuerpo emocional cree, locamente pensamos que merecemos lo peor, lo malo, pues la emoción es energía, es vibración y si estás lleno(a) de esa vibra, pues así darás forma a tu vida.

Para que haya pareja, que por cierto mi enfoque particular de la palabra es “par de ejes”, ejes que giran en sincronía, armonía y en el sentido adecuado, debe de haber:

1. Química, las moléculas se tienen que entender, debe haber algo que te atraiga del otro(a), aunque no sepas qué o no lo entiendas.
2. Compatibilidad, dicen los que saben que debe haber como mínimo un 60% de ella. Debe haber afinidad en gustos y disgustos, sin juicios, con mucho respeto.
3. Compromiso, que para mi es la más importante, porque debe de existir la decisión consciente de compartir nuestras vidas, no por sentirnos solos, sino para ser mejores, en conjunto.

La relación de pareja se define por el amor hacia uno mismo que irradias hasta convertirse en amor del uno por el otro, no control del uno por el otro o sumisión hacia el otro. Hay que hacerse responsable, el compromiso es contigo, el de enfrente es tu reflejo. Si nos maltratan y humillan, o lo que sea que consideremos negativo, nos están haciendo un favor, sí el favor de recordarnos que hay mucho que sanar, amén de darte las pistas para que sepas qué es.

Cuando no nos queremos mucho, hay que reconocer, una parte nuestra, el ego, nos engaña y nos hace creer que aguantamos por amor, que vale la pena el sacrificio, no hay forma, seguir permitiendo y/o creyendo eso, sólo te llevará al fracaso, pues no estarás viviendo el amor, estas viviendo su ausencia y fortaleciendo esa creencia.

Poner atención a las dinámicas de nuestras relaciones de pareja es sumamente importante, por ejemplo, si te haces responsable de tu pareja como si fuera un niño(a), se comportara como tu hijo(a). Y bueno, todos sabemos que la mayoría de nuestras creencias, condicionamientos y actitudes vienen de nuestros padres, así que verte como papá(mamá) o hijo(a) de tu pareja, va a explotarte en la cara tarde o temprano. La próxima semana seguiremos abordando este interesante tema, pero somo siempre te digo, repítete “El cambio soy Yo”, y responsabilízate.

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