Por Juan Ordóñez

Si en este momento de tu vida, tú como millones de personas, te has dado cuenta de que lo que haces no te está llevando al lugar donde quieres llegar, es tiempo de formularte la simple, pero poderosa pregunta: ¿lo que estoy haciendo me funciona? Si sí, sigue adelante, si no. Es momento de parar y cambiar.

Todos tenemos esta maravillosa capacidad de realizar cambios trascendentales, incluso radicales, sólo que la mayoría no sabe cómo o no cree que sea posible.

Nuevamente déjenme decirles que si yo pude, cualquiera puede, en serio, cualquiera.

Primero debemos identificar, reconocer el hábito, actitud, patrón o pensamiento que no me está llevando a tener los resultados que yo quiero. Muy probablemente ya te encuentres en esa posición. Me he dado cuenta en mi consulta personal que la gran mayoría de las personas que recientemente llegan a terapia, ya vienen con una “idea” de lo que está sucediendo, lo cual es genial porque eso hace los procesos mucho más rápidos y fáciles.

Ahora, esa primera parte aunque importante, no es definitoria. La aceptación consciente de que ese hábito, actitud, patrón o pensamiento, te está metiendo el pie, en vez de apoyarte, es la base para el cambio. A veces no queremos admitirlo y por eso preferimos continuar con lo que “ya conocemos”, lo que “se siente bien”. Es decir, aún cuando se sienta bien lo que estás haciendo, sabes que vas en la dirección contraria a lo que quieres, pero si decides ver la tele en vez de hacer ejercicio, comida chatarra en vez de comida nutritiva, mentiras en vez de verdades, fachada en vez de esencia, pues ya ni te quejes, así eres ahorita y listo.

Eso no quiere decir que no puedas, que seas tontito(a), o que nunca vayas a cambiar, sólo que no es ahorita, pero con la diferencia que ya sabes a nivel consciente, lo que estás haciendo y/o lo hay que hacer.

La clave aquí es darnos cuenta que para adoptar cualquier hábito, actitud, patrón o pensamiento, es porque lo repetimos durante tanto tiempo que lo vemos natural, familiar, “se siente bien”.

Esto lo hacemos porque dejamos que nuestros sentidos hagan una labor para la cual no fueron diseñados y si le sumamos que lo que comúnmente llamamos emociones son realmente sentimientos, porque bio-químicamente los percibimos, los sentimos, hacemos eso una realidad, realidad a la cual nos acostumbramos, nos hicimos adictos, por eso no es tan fácil el cambio y el sólo pensar en cambiar, implica una miríada de sentimientos incómodos, nos da miedo y elegimos permanecer igual.

Si has puesto atención, verás que te hablo de una aceptación “consciente”, integral, de todo lo que eres (cuerpo, mente, emoción y energía/espíritu). Es en este punto donde entiendes que aunque se siente “incómodo”, es correcto.

Así que sin importar que tan bien se sienta un hábito, actitud, patrón o pensamiento, si ya detectaste que no te está llevando a la tierra prometida y reflexionas en lo escrito con anterioridad, nuevamente pregúntate: ¿lo que estoy haciendo me funciona? Sí o no, el responderla cambiará tu vida. Repítete, “El cambio soy Yo” y no te detengas.

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