Por Juan Ordóñez

tomar acción

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En el artículo anterior hablamos de 4 mitos de percepción y de cómo moldearon nuestro sistema de creencias, ahora que se sabe son falsos, retomamos control sobre nuestras vida de una manera responsable.

Ya vimos, y espero que hayas aceptado, que nuestro cuerpo no es una máquina a la cual le cambio las piezas y listo, que no estás controlado por su composición genética, que es tu percepción del entorno la que activa el cambio genético y que esto se lleva a cabo por medio de tus pensamientos y emociones, que la vida no es una eterna competencia, o sea que no hay que sufrir para merecer, y que el simple hecho de que existas tiene un gran propósito.

Muchos de ustedes seguro han escuchado, al menos, del libro y película “El secreto” y/o “Ley de la atracción”, que ha causado gran furor entre las personas ayudándolas a abrirse a nuevos conceptos y posibilidades que con anterioridad parecían fuera de contexto y hoy en día se habla de ello con gran naturalidad, sin problema y para no variar, como si fuera moda.

Desde mi punto de vista particular, la película carece de muchos elementos y deja espacios en blanco que son llenados como cada quien quiere, lo que muy comúnmente aleja a las personas de la verdadera esencia que los autores buscaban transmitir y que es que tú eres el creador de tu experiencia/realidad, te guste o no, y eres el único responsable de ello. El “problema” es que lo has hecho inconscientemente.

Todo esto tiene una gran profundidad y explicación científica que avala lo mencionado y que es necesario saber para entender que lo único que se necesita para vivir una vida equilibrada es aprender a tener congruencia entre mente y emociones. NO te voy a dar un resumen de la película, ni de ningún libro relacionado, te voy a decir “el secreto del secreto”, lo único que te pido es mente y corazón abiertos a recibir, el resto, el resto lo pone Dios, el universo, la inteligencia infinita o como quieras llamarle.

Karl Pribram neurocirujano austriaco, presentó su teoría del modelo holográfico del cerebro en los años setentas, a partir de ese momento innumerables teorías y experimentos científicos han avalado su conocimiento. Pribram, como neurocientífico, estudió al cerebro como un procesador holográfico de información. Al mismo tiempo y de manera independiente, David Bohm, uno de los padres de la física cuántica, veía al universo como un holograma. Al combinar sus teorías, se formó un nuevo paradigma de posibilidades que sugiere que somos parte de un gran sistema que contiene muchas realidades, dentro de realidades, dentro de realidades, o lo que es lo mismo, lo que vemos y reconocemos como nuestro universo somos simplemente nosotros mismos colapsando posibilidades de “reinos” profundos a la realidad física. (Dichos reinos profundos corresponden a nuestra mente individual y colectiva)

Esta increíble y extrema forma de reconocernos nos da acceso total a cualquier posibilidad que podamos imaginar. En su modelo holográfico todas las cosas son posibles. Loco como parece, si examinamos la sabiduría y conocimiento de nuestras religiones y culturas antiguas, todas concluyen en lo mismo “tú puedes conseguir cualquier cosa si te mueves con Fe”.

La palabra Fe puede generar confusión si la usamos como el simple hecho de creer en algo que no tiene prueba o fundamento que lo soporte, de ser así estaríamos hablando de una Fe ciega y déjenme decirles que no hay tal, ya que cuando hacemos o creemos en algo por fe, muy dentro de nosotros se establece la conexión entre lo que es y lo que puede ser, y que da forma a nuestro sistema de creencias. Aún cuando no registremos esto conscientemente nuestra creencia nos dice que así es y lo convierte en verdad, y esa verdad es el fundamento de nuestra Fe.

Sin embargo, podemos considerar que hay un tipo de Fe con base y fundamento en la física cuántica o ciencia nueva, que por medio de múltiples experimentos ha concluido que el simple acto de observar algo, conscientemente, asegura esa posibilidad y la muestra como mi realidad. En otras palabras, la expectativa y/o creencia que yo tenga mientras observe algo, es el ingrediente que elige cual de las infinitas posibilidades será mi realidad. Si llevamos esto y lo aplicamos a la Fe en la afirmación de Jesús; “en verdad les digo, si tuvieran Fe, del tamaño de un grano de mostaza, le dirían a este cerro, quítate de ahí ponte más allá y el cerro les obedecería, nada sería imposible para ustedes”. Mateo 17:20, nos daremos cuenta de las poderosas implicaciones a las cual él se refería.

Neville, místico, filósofo y pensador de Barbados describe la fe como “la asunción de que tu deseo está concedido”.

Partiendo de estas premisas y aprovechando los cambios y apertura en la red de consciencia o despertar de consciencia como ahora se le conoce, podemos con seguridad decir que si nosotros como individuos funcionamos como hologramas, la mente colectiva y su consciencia deben de funcionar igual, ya que la mente individual es una representación del total, sin importar que tan diferente parezcamos, cada mente contiene el patrón de toda la consciencia. De ahí que cada uno de nosotros tengamos acceso a ese cúmulo de información y posibilidades, por lo que cada uno de nosotros podemos cambiar el “holograma” (realidad) de nuestro mundo. Es decir, si yo logro hacer cambios importantes en mí, al grado de sentir y vivir un completo bienestar, el mundo a mi alrededor proyectará o reflejará dicho bienestar ante mis ojos. Mi realidad cambia.

Estudios científicos respaldan lo descrito con anterioridad y se ha encontrado que cuando grupos que comparten creencias y fines comunes, experimentan experiencias profundas de consciencia, los efectos de dichas experiencias pueden ser detectados por fuera del grupo e inclusive lejos del lugar donde el grupo de reúne. Esto prueba la existencia de un “campo” que une todo lo que existe y al cual Einstein llamaba «ether», y actualmente han llamado campo akashico, matrix, campo cuántico, campo de infinitas posibilidades, simplemente “el campo”, y yo en particular lo llamo el internet cósmico. Sin importar el nombre, hay pruebas científicas suficientes para aceptar la existencia de esta conexión con todo lo que hay, tú y yo incluidos. No hay separación.

Y para probarte algo de lo que te estoy hablando, hagamos un simple experimento, en este momento en que estás leyendo estas líneas pon atención en tu cuerpo y localiza alguna parte de él que consideres “incomoda” (dolor, molestia, o lo que sea), toma unas cuantas respiraciones profundas sin mover tu atención de esa área. Nota como la “incomodidad” desaparece. Wow, interesante, yo no estoy junto a ti, y éste artículo fue escrito en otro tiempo fuera de tu presente y sin embargo contactamos. No hay separación. (Continúa)

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