Por Juan Ordóñez

vocecitasA poco no, cada vez que sientes el llamado para llevar tu vida en una nueva dirección, aparece esa “vocecita” diciéndote todas las razones por lo cual no hacerlo. Parece hasta de caricatura, y sea lo que sea, la mayoría de las veces nos termina convenciendo, cedemos ante ella ciertos de que era lo mejor y aparece las ya famosas frases «ya será en otra ocasión», “ahora no es el momento”.

¿Porqué ese saboteo interno si sabemos que la oportunidad esta frente a nosotros? ¿Cómo es que nos dejamos convencer por algo que ni siquiera está físicamente frente a nosotros?

Esa “vocecita”, ella es la culpable. Ni siquiera sabemos con certeza cuándo apareció ni de donde viene, pero le hacemos caso. Pues hay que aceptar que saca unas conclusiones muy «aceptables» acerca de las situaciones de mi vida. Es tan común que inclusive se le confunde con la intuición y como no, si al aceptar sus conclusiones y definiciones, me siento «tranquilo(a)».

Pero, ¿realmente me resuelve o genera más conflicto? Yo creo que si estas sonriendo al leer esto, es que te genera conflicto y quieres saber cómo silenciarla. Pues bien, aquí te paso unas estrategias que pueden ayudarte.

Define que NO eres tú, hablando contigo.
Si haces un análisis honesto, te darás cuenta de que no es tu voz interior. Y si no es tu voz interior, de quién es entonces. ¿Podrá ser la voz de alguno de tus padres diciéndote, sin mala intención obviamente, que y que no hacer? O tal vez la de algún maestro practicando su sarcasmo contigo, o la de la sociedad en general llena de reglas obsoletas y en apoyo de los medios gritándote lo que no eres, claro, de acuerdo a su criterio, a lo que les conviene.

Una vez que identifiques de dónde viene esa vocecita, tan fácil como te lo escribo, podrás elegir si la escuchas o no. Esta elección siempre ha sido nuestra y así como le dimos fuerza y autoridad sobre nosotros, podemos revocarla, apretar el botón de silencio. Una vez callada, tu verdadera voz interior, tu intuición, retomará el volumen correspondiente, aportando de manera constructiva.

Identifica el verdadero propósito de esa vocecita y trata de entenderla.
Un propósito debe de tener esa vocecita, ¿no crees? Porque no actúa así porque sí. Trata de identificar ese propósito, puede ser protección, preservación, evitar que tu autoestima se vea mermada, o que pases por algún trago amargo nuevamente.

Una vez que tengas claro su propósito, podrás adoptar una actitud compasiva hacia ella, porque la intención no es mala, finalmente piensa que te esta cuidando. Así que agradece su participación y hazle saber que estarás bien sin ella, que eliges perseguir y alcanzar tus sueños, sin importar que.

Acepta la incertidumbre.
Siguiendo con el examen honesto acerca de esta vocecita, tenemos que aceptar que aunque carece de conocimiento de causa, se muestra como autoridad en el tema. Piensa en esto, para todo en la vida, existen muchos factores que intervienen en un proceso de manifestación sobre cualquier situación, ya ni decir de las innumerables posibilidades. Entonces, ¿cómo esa vocecita puede pretender predecir un resultado? Y sin embargo lo hace, con mucho credibilidad, pero por desgracia, siempre para desmotivar.

Al aceptar la incertidumbre, te das cuenta de lo limitada en conocimiento que esta vocecita esta y eso te dará el empujón para dar el paso, pues lo único que tienes que perder es quedarte como estás.

Esta nueva actitud te pondrá en una situación de ganar-ganar porque aún cuando tengas uno que otro revés, ganarás en la satisfacción de no sólo haberlo intentando, si no de haberlo llevado a cabo, de ver un resultado concreto. Pero te aseguro que la mayoría de las veces, lograrás tu objetivo y probarás que esa vocecita, estaba equivocada.

Reconocer de dónde viene, identificar su propósito y aceptar la incertidumbre, silenciarán esa vocecita que a gritos obnubilaba tu verdadera voz interior, la que te guía a la obtención de tus sueños, a la realización de tus deseos más profundos, a vivir una vida llena de «lo hice» en vez de una de «tal vez, en otra ocasión será». Repítete, «El cambio soy Yo» y haz, no intentes.

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